19.12.11
26.11.11
23.11.2011
Hace mucho tiempo que no escribía una de mis bitácoras, me siento como usando unos zapatos que había olvidado.
Ayer por la tarde viajé a Valparaíso a ver la presentación de la revista de poemas que mi grupo literario y yo hicimos hace unos meses. Hubo una introducción muy bonita hecha por Maca, quien leyó una reseña hecha por Mikel; uno de los miembros del grupo que ahora está viviendo en España. Nuestra presentación fue muy cortita, debido a que eramos los teloneros de una charla que se haría para presentar el lanzamiento de un libro. Se suponía que yo leería uno de mis poemas, pero llegué un poco tarde y no tuve tiempo de programar mi lectura, me sentí aliviada de que nadie fuese a verme.
Luego de nuestra intervención como teloneros comenzó la presentación del libro, nosotros lo único que queríamos era salir de ahí, no nos interesaba escucharla, pero la habitación era tan pequeña que se iba a notar muchísimo si lo hacíamos, así que nos quedamos hasta el final. El libro que estaban presentando trataba sobre la realidad homosexual en Chile (tampoco es que fuese tan aburrido) y el escritor era bien simpático.
Al final de la charla nos juntamos todos en el patio de la sede, donde regalamos muchas de nuestras revistas, y conversamos alrededor de una mesa donde había sushi y vino, yo sólo comí sushi, mis compañeros fueron los que se encargaron de vaciar las copas. Alrededor de la mesa conversé con Hector, otro de mis compañeros, me divertí mucho con él hablando de literatura, le mostré el poema que iba a leer, me dijo que le había a gustado, y me recordó algunos de mis antiguos poemas que también le habían gustado, le dije que ya casi ni escribía poesía, que me había dedicado más a escribir relatos cortos. También recordamos algunos momentos de las clases de poesía donde él me enseñaba a hacer trucos de malabares, me preguntó qué tal iba con eso, y le dije que estaba mejorando. Luego, hubo un momento en que sacó un libro de su bolso, dijo que se lo había comprado a un amigo de él, que escribía, y que sus poemas eran buenos. Leí algunos, eran divertidos. Me dijo que me pasaría su blog, y que le mandara algunos de mis relatos, para que los leyera.
Adrián, otro de mis compañeros, fue el principal promotor de la revista, con una mano sostenía los ejemplares que llevaba debajo del brazo, y con la otra sostenía una copa de vino, y, como siempre, nos hacía reír mucho.
Cuando comenzó a aparecer la noche decidimos bajar el cerro, Verónica estaba embarazada y tenía ganas de comer algo, pero no quería sushi, lo cual también aceleró las cosas. Cuando llegamos abajo, nos detuvimos en la plaza de siempre y hablaron de cosas que no recuerdo, o que puede que no haya escuchado, la única imagen que tengo de eso es de mí haciendo un movimiento con mi cabeza, mirando el cielo y haciendo bailar a las estrellas. Dije que tenía sed, y nos acercamos a un negocio donde verónica compró unos chocolates y yo una gaseosa. Ahí leí a mis compañeros el poema que había escrito, algunas personas me escucharon y Adrián les regaló ejemplares de nuestra revista, también se nos acercó un chico que estudiaba artes, habló un rato con nosotros y escuchó a mis compañeros leer sus poemas.
Luego de eso nos sentamos en una de las bancas de la plaza y ahí dijimos las últimas palabras del día, le pregunté a Verónica si podía tocar su pancita de embarazada y con gusto me dijo que sí, nunca antes había tocado una, sentía que era realmente adorable.
Cuando nos despedimos prometimos volver a juntarnos y a vernos más seguido.
Espero que la gente que se llevó en sus manos uno de los ejemplares de nuestra revista pueda sentir la atmósfera de nuestro grupo literario, en nuestros poemas está nuestra esencia.
Ayer por la tarde viajé a Valparaíso a ver la presentación de la revista de poemas que mi grupo literario y yo hicimos hace unos meses. Hubo una introducción muy bonita hecha por Maca, quien leyó una reseña hecha por Mikel; uno de los miembros del grupo que ahora está viviendo en España. Nuestra presentación fue muy cortita, debido a que eramos los teloneros de una charla que se haría para presentar el lanzamiento de un libro. Se suponía que yo leería uno de mis poemas, pero llegué un poco tarde y no tuve tiempo de programar mi lectura, me sentí aliviada de que nadie fuese a verme.
Luego de nuestra intervención como teloneros comenzó la presentación del libro, nosotros lo único que queríamos era salir de ahí, no nos interesaba escucharla, pero la habitación era tan pequeña que se iba a notar muchísimo si lo hacíamos, así que nos quedamos hasta el final. El libro que estaban presentando trataba sobre la realidad homosexual en Chile (tampoco es que fuese tan aburrido) y el escritor era bien simpático.
Al final de la charla nos juntamos todos en el patio de la sede, donde regalamos muchas de nuestras revistas, y conversamos alrededor de una mesa donde había sushi y vino, yo sólo comí sushi, mis compañeros fueron los que se encargaron de vaciar las copas. Alrededor de la mesa conversé con Hector, otro de mis compañeros, me divertí mucho con él hablando de literatura, le mostré el poema que iba a leer, me dijo que le había a gustado, y me recordó algunos de mis antiguos poemas que también le habían gustado, le dije que ya casi ni escribía poesía, que me había dedicado más a escribir relatos cortos. También recordamos algunos momentos de las clases de poesía donde él me enseñaba a hacer trucos de malabares, me preguntó qué tal iba con eso, y le dije que estaba mejorando. Luego, hubo un momento en que sacó un libro de su bolso, dijo que se lo había comprado a un amigo de él, que escribía, y que sus poemas eran buenos. Leí algunos, eran divertidos. Me dijo que me pasaría su blog, y que le mandara algunos de mis relatos, para que los leyera.
Adrián, otro de mis compañeros, fue el principal promotor de la revista, con una mano sostenía los ejemplares que llevaba debajo del brazo, y con la otra sostenía una copa de vino, y, como siempre, nos hacía reír mucho.
Cuando comenzó a aparecer la noche decidimos bajar el cerro, Verónica estaba embarazada y tenía ganas de comer algo, pero no quería sushi, lo cual también aceleró las cosas. Cuando llegamos abajo, nos detuvimos en la plaza de siempre y hablaron de cosas que no recuerdo, o que puede que no haya escuchado, la única imagen que tengo de eso es de mí haciendo un movimiento con mi cabeza, mirando el cielo y haciendo bailar a las estrellas. Dije que tenía sed, y nos acercamos a un negocio donde verónica compró unos chocolates y yo una gaseosa. Ahí leí a mis compañeros el poema que había escrito, algunas personas me escucharon y Adrián les regaló ejemplares de nuestra revista, también se nos acercó un chico que estudiaba artes, habló un rato con nosotros y escuchó a mis compañeros leer sus poemas.
Luego de eso nos sentamos en una de las bancas de la plaza y ahí dijimos las últimas palabras del día, le pregunté a Verónica si podía tocar su pancita de embarazada y con gusto me dijo que sí, nunca antes había tocado una, sentía que era realmente adorable.
Cuando nos despedimos prometimos volver a juntarnos y a vernos más seguido.
Espero que la gente que se llevó en sus manos uno de los ejemplares de nuestra revista pueda sentir la atmósfera de nuestro grupo literario, en nuestros poemas está nuestra esencia.
31.10.11
En este momento mi primo está durmiendo conmigo en mi habitación, de vez en cuando lo siento roncar o hablar dormido, creo que eso me hace sentir que duerme bien.
Hoy he visto muchos niños, disfraces de colores y caramelos por las calles de mi ciudad, he recordado algunas cosas del pasado. Me he sentido bien.
Hoy he visto muchos niños, disfraces de colores y caramelos por las calles de mi ciudad, he recordado algunas cosas del pasado. Me he sentido bien.
28.9.11
Siempre he creído que soy una infiltrada en las faldas, pero no porque me gusten las mujeres, sino porque simplemente no puedo entenderme con ellas. Hoy en clases de artes parecía como si nos entendiéramos como nunca, nuestros ojos humanos parecían cautivarse con los colores de los tarros de pintura, como cuando éramos pequeñas y nos picaban los dedos por abrirlos y esparcirlos en cualquier superficie (ahora todas lo evitan, todas cuidan sus uñas). Parecía que nos entendíamos hasta que comenzaron a hablar, las "conversaciones de chica" de las que siempre me siento ajena, no porque no sea femenina, es extraño, en ocasiones no lo entiendo. Mi mejor amiga es una chica, pero ella no es como todas las chicas, tampoco es como yo, pero nos entendemos bien. La supremacía está en reconocerse a sí mismo, el sexo es para sentir placer y tener hijos, me gusta conversar con chicos porque sólo esperan que sea simpática, que me depile el bigote y que huela bien, las miradas de las chicas son muy penetrantes, mucho más que la de los chicos.
26.9.11
- No temas que yo sea incapaz de comprender esas cosas, Sinclair. Sé muy bien que cuando pasea uno así, al atardecer, entre la niebla, con pensamientos otoñales, sientes siempre la comezón de hacer versos. Y naturalmente, versos sobre la naturaleza agonizante y la juventud perdida.
Demian | Hermann Hesse.
Demian | Hermann Hesse.
22.9.11
Mi bohemia
(Fantasía)
Me iba, con los puños en mis bolsillos rotos...mi chaleco también se volvía ideal,
andando, al cielo raso, ¡Musa, te era tan fiel!
¡cuántos grandes amores, ay ay ay, me he soñado!
Mi único pantalón era un enorme siete.
––Pulgarcito que sueña, desgranaba a mi paso
rimas Y mi posada era la Osa Mayor.
––Mis estrellas temblaban con un dulce frufrú.
Y yo las escuchaba, al borde del camino
cuando caen las tardes de septiembre, sintiendo
el rocío en mi frente, como un vino de vida.
Y rimando, perdido, por las sombras fantásticas,
tensaba los cordones, como si fueran liras,
de mis zapatos rotos, junto a mi corazón.
Arthur Rimbaud
Sensación
En las tardes azules de verano, iré por los caminos,
Picoteado por los trigales, pisando la hierba menuda:
soñador, sentiré su frescor bajo mis pies.
Dejaré que el viento bañe mi cabeza desnuda.
no hablaré; no pensaré en nada:
Pero el amor infinito me embargará el alma.
Y me marcharé lejos, muy lejos, como un bohemio,
Por la naturaleza —feliz como con una mujer.
Arthur Rimbaud
Picoteado por los trigales, pisando la hierba menuda:
soñador, sentiré su frescor bajo mis pies.
Dejaré que el viento bañe mi cabeza desnuda.
no hablaré; no pensaré en nada:
Pero el amor infinito me embargará el alma.
Y me marcharé lejos, muy lejos, como un bohemio,
Por la naturaleza —feliz como con una mujer.
Arthur Rimbaud
21.9.11
Cuando muera, me gustaría que me recordasen por mis malos hábitos.
Por esconderme del ruido, de las responsabilidades, del tiempo y de las personas. Por preferir mis precarios versos antes que la comunicación hablada y el éxtasis narrativo antes que la realidad. Por guardar cada cosa que me recordase un momento, y por amontonarlos en mi habitación, mi gran cápsula del tiempo.
Me gustaría que alguien reconociese mis escondites; las páginas en blanco, las palabras ajenas de escritores desconocidos, las mentes atemporales, las conversaciones periféricas.
Me gustaría que me recordasen en los momentos donde los caracoles hagan maratones en el concreto y donde los lunares de la lluvia, se multiplicasen en la ciudad.
Por esconderme del ruido, de las responsabilidades, del tiempo y de las personas. Por preferir mis precarios versos antes que la comunicación hablada y el éxtasis narrativo antes que la realidad. Por guardar cada cosa que me recordase un momento, y por amontonarlos en mi habitación, mi gran cápsula del tiempo.
Me gustaría que alguien reconociese mis escondites; las páginas en blanco, las palabras ajenas de escritores desconocidos, las mentes atemporales, las conversaciones periféricas.
Me gustaría que me recordasen en los momentos donde los caracoles hagan maratones en el concreto y donde los lunares de la lluvia, se multiplicasen en la ciudad.
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